La educación como valor

La educación como bien universal e individual es uno de los valores más nobles e indispensables, en tanto colabora positivamente en la construcción y desarrollo de cada ser humano, permitiéndole alcanzar a través de las propias capacidades, su desarrollo integral.
  En la educación se produce un intercambio que tiene que asegurar dos procesos, el de enseñar y el de aprender, ambos necesitan coexistir en cada uno, en un ciclo que dura toda la vida.
  A través de la educación se transmiten muchas cosas: la cultura, la experiencia, los descubrimientos, el conocimiento que es patrimonio común, los valores morales, la fe y las costumbres. La educación alienta el desarrollo de habilidades, ofrece posibilidades, abre puertas y dignifica.
  Si logramos disociar el término educación de la institución educativa únicamente, podemos entenderlo en su dimensión real, puesto que educan los padres y la familia en general, la escuela, la religión, la sociedad, los medios, el club de deportes…
  Desde el  rol que corresponde a cada uno, es desde donde se imparte la educación, con la orientación y características propias.
  La educación que se recibe de los padres, está basada en el amor y la protección, y orienta (o debería hacerlo) hacia la integración y autonomía, marcando normas, hábitos culturales y sociales, valores morales, las creencias referidas a la fe, pautas de convivencia y una historia familiar. La educación del hogar desde el amor, debe construir el sano desarrollo afectivo, cognitivo, intelectual, espiritual y físico.
  La educación que proviene de la escuela cubre básicamente la necesidad de conocimiento y capacitación para interactuar en la sociedad e insertarse en ella, promoviendo siempre la evolución y los cambios consecuentes. Educa en el aspecto cognitivo, moral, ético, a veces religioso y claro también que en el aspecto afectivo y social, a través del intercambio permanente.
  La educación que proviene de la fe atiende claramente al desarrollo moral y espiritual, señalando senderos a través de la historia de la humanidad, atendiendo como principal objetivo al alma que mueve nuestra vida,  y su origen, promoviendo los más elevados valores éticos y morales.
  Claramente quedan muchos, o todos los demás aspectos nombrados que hoy educan, la sociedad en general, la calle, los medios, los libros, las modas, internet se ha convertido hoy exageradamente en tutor. Cada uno de ellos ofrece lo que puede, lo que le parece, lo que se le ocurrió, lo que se usa, lo que queda, lo mejor, lo mediocre y lo peor. Pero todos ellos también educan, y no porque lo que enseñen esté bien, sino porque produjeron una modificación, enseñan algo y muchos lo aprenden. Cuando las tres grandes guías de la educación fallan, se aprende de lo que queda, y eso que queda es lo que van tomando los chicos hoy. Sin control, sin escalas de valores y sin capacidad de juzgar lo que se toma.
  No hay dinero que pague la buena educación cuando cada institución cumple mínimamente  su rol, cosa que está lejos de ocurrir últimamente, así un valor tan necesario, del que el ser humano es tan digno y soberano como es la educación, se encuentra dosificado, mezquinado, recortado, humillado y degradado. Parece que no hubiera tiempo para educar, detengamos la prisa por un momento porque tal vuelco es grave. Se hace necesario y urgente revisar lo que se ofrece y lo que no, lo que se entrega finalmente y lo que se toma como educación.
  La educación como valor, es utópicamente invaluable, sin educación no hay valores humanos, no hay moral, no hay derechos ni deberes, no hay libertad, no hay conocimientos ni racionalidad. Recordemos y restituyamos tal valor a la educación, atendiendo responsablemente a todos los aspectos que hacen al ser humano y sin los cuales se obtienen los resultados de lo que repudiamos y criticamos diariamente. Últimamente la selva parece tener más equilibrados los códigos y costumbres que nosotros como sociedad supuestamente racional.
  Otra vez vuelvo a llenarme de preguntas: ¿Qué pasa en las familias que no llega la primera educación, más todavía, no hay tiempo de demostrar afecto? ¿Qué pasa en la escuela, madre de la formación y educación de los niños, por qué se mezquina tanto el conocimiento como la formación moral y afectiva? ¿Qué pasa con la fe, que le hicimos un paso al costado, cuando debería ser nuestra tutora y guía?
¿Qué pasa con el estado, que lentamente transformó la educación y la capacitación recibida, y generó con su política actitudes relativas a los antivalores? Como el abuso, la discriminación, el abandono, creando incertidumbre, malestar, hambre, ignorancia, indiferencia. Se torció el significado de dignificar y atender, marcando un rumbo de equilibrio e igualdad, para dominar, tomándolo todo sin devolver nada, sin repartir, sin educar, sin preservar la salud de nadie. Ni siquiera la del propio estado.
¿Qué sucede básicamente con nosotros o en nosotros, que no acertamos a provocar un cambio? Me resisto a pensar que uno a uno, a veces, vamos bajando los brazos.
  Tenemos que cambiar paso a paso, un paso a la vez es seguro. ¿Dónde queda el hombre si no es así? ¿Dónde dejamos a nuestros pares, a nuestros hijos, a Dios mismo, sino construimos un camino más seguro? Hay tanto por hacer, y tanto por mejorar. Tanto que replantearse, vale la pena el tiempo que tome hacerlo, están en juego el presente y el futuro, nuestros hijos y los suyos. Devolvamos  el valor que tiene a la educación, juzguemos, comparemos, y seamos consecuentes al sacar conclusiones, nadie lo hará por nosotros

  Que ésta Revista Digital, sea un aporte genuino, loable y claro de que como Institución, buscamos utilizar los medios modernos de comunicación, para favorecer una educación en serio, basada en los valores que, como decíamos, gestan y construyen personas cada vez más comprometidas con la transformación de sus espacios y ambientes…
  ¡¡¡Sigamos para adelante con esta hermosa iniciativa de la Revista Digital!!!!


Padre Mario Sánchez